Plenaria de Economía Verde: Economía Verde e inclusiva.

- por Dal Marcondes, de la Envolverde



Encuentro en São Paulo reune líderes y especialistas iberoamericanos para debatir las mudanzas necesarias en el modelo económico para  la construcción de un futuro sostenible, es el EIMA 8.
 
Espacio privilegiado para el debate de grandes temas de la actualidad,  en esta oportunidad el auditorio de la Fundación Getúlio Vargas, en São Paulo, sirve de escenario para desmenuzar el principal dilema de la humanidad en este inicio de siglo, las transformaciones necesarias en el modelo económico de forma a garantizar trabajo, vivienda, educación, salud y otros derechos fundamentales a los siete billones de habitantes de la Tierra. El Encuentro Iberoamericano sobre Desarrollo Sostenible (EIMA 8), organizado por la fundación española Conama, se convirtió en un espacio de intercambio de ideas, experiencias y construcción de sinergias para el desarrollo de proyectos y negocios entre compañeros públicos, privados y organizaciones de la sociedad civil. De acuerdo con Gonzalo Echagüe, presidente de la Fundación Conama, el escenario global es de una economía sin límites actuando en un mundo con recursos finitos. “Así no se puede seguir, es necesario dar respuestas a las demandas del cotidiano dentro de los límites impuestos por la  naturaleza”, explica Echagüe.
 
Los debates, que siguen del 17 al 20 de octubre, están posibilitando el intercambio de experiencias entre diversos países, principalmente, en relación a modelos de gestión y de producción que ya demuestran potencial de aplicación más amplio. Esto es importante porque, segundo el economista Yoshiaki Nakano, director de la Escuela de Economía de la FGV, las mudanzas de modelo y la reducción de impactos ambientales dependen, muy fuertemente, de una participación internacional. El economista cree que el Brasil puede desempeñar un papel importante en esa transición, principalmente, por su multiplicidad de recursos disponibles, desde el potencial hidroeléctrico a las reservas del “pré-sal”, pero también por la capacidad de ganancias con las mudanzas en los procesos de producción. “Tenemos hoy 300 millones de hectáreas de pastos, cerca de la mitad de eso puede ser convertido para la agricultura”, estima, “con ganancias sustanciales para la sociedad brasileña y para el país”, destaca.
 
Ya en el primer día de debates, la construcción de conocimientos en sostenibilidad avanzó mucho. Para Denise Hamu, nueva representante del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) en Brasil, es importante percibir que el mundo ha cambiado, y que la economía que se desarrolló en el siglo 20 no sirve para el futuro. Ella explica que el Pnuma realizó un estudio sobre la economía verde, que servirá como base de los debates de la Rio+20 (Conferencia de la ONU sobre desarrollo, en 2012, en Rio de Janeiro), y señala diez sectores estratégicos para que los cambios económicos ganen escala: agricultura, energía, construcción civil, pesca, forestas, manufacturas, turismo, transportes, residuos y saneamiento. Hamu explica que los cambios pueden ser hechos con una inversión de sólo 2% del PIB global por año, “mucho menos de lo que se gasta con la crisis financiera global”. Ella reafirma que hay necesidad de inversiones objetivas en innovación, investigación, ciencia y tecnología, además de un cambio de la cultura empresarial y de las personas.
 
De manera general, hay algunos consensos en relación a los objetivos de una economía verde. Las disparidades aparecen en el momento de establecer los modelos y las prioridades. En el sector público, por ejemplo, la economía verde aún es vista como una política ambiental y no como una demanda de planeamiento económico, social y ambiental. Esto se aclara cuando, para debatir la construcción de una economía sostenible, tanto el gobernador Geraldo Alckmin como el alcalde Gilberto Kassab designan como representantes sus respectivos secretarios de medio ambiente, Bruno Covas y Eduardo Jorge. En su participación en los debates, los dos presentaron las principales políticas ambientales de las dos administraciones. Sin embargo, aún hay un hueco perceptible para que el tema sostenibilidad asuma un papel transversal en la construcción de políticas públicas. Y es importante porque, segundo Caio Magri, gerente de políticas públicas del Instituto Ethos, el cambio de modelo económico necesita ser señalizada por medio de políticas públicas que apunten para el enfrentamiento de la pobreza, la reducción de las desigualdades, y contengan claramente una dimensión ética.
 
Para Magri, la administración pública es factor estratégico. Sin embargo, menciona que es necesaria la articulación de nuevos polos de administración, ya que algunos sectores están asumiendo proporciones no antes imaginadas en relación a la sociedad y a los Estados. Él señala que reciente pesquisa del Ipea (“Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada”) enseña que las 50 mayores corporaciones privadas del mundo tienen facturación mayor que 150 países, y que, entre ellas, las tres mayores mueven más dinero que el PIB de Brasil. “La propia Petrobrás tiene una facturación anual mayor que el PIB de Argentina”, resalta Magri. Ante ese cuadro, y de las  instabilidades de los mercados financieros globales, Magri cree que la evolución del proceso económico pase por un choque de transparencia, con el enfrentamiento de la evasión de riquezas de los países y más transparencia en los flujos internacionales de capitales. “Esta es una cuestión estructural”, afirma.
 
También en el sector privado la capacidad de mudar ha sido cuestionada. Pero algunas experiencias muestran que las transformaciones tienen un movimiento difícil de ser impedido. El periodista y consultor Ricardo Voltolini, autor de un libro sobre liderazgo sostenible, explica que hay tres fuentes de presión para el cambio en las empresas: la primera es la escasez de recursos, lo que reestructura el mercado; la segunda es la reglamentaria, donde las leyes obligan a cambiar; y  la tercera es la presión del consumidor y de la sociedad. Él se acuerda de una frase de Peter Senge, conferencista sénior del MIT (“Massachusetts Institute of Technology”), que dice que la economía está al “final de la burbuja industrial”, donde extraer, producir y desechar ha sido la base desde la revolución industrial. Pero alerta: “todavía estamos más próximos de la economía clásica que de un modelo más sostenible de producción y consumo”. Él cree que la innovación en el sector empresarial puede ser un fuerte aliado de las transformaciones necesarias. Sin embargo, para que eso tenga una escala con capacidad de impacto, “es necesario invertir en la formación de liderazgos con capacidades diferentes de las tradicionales”, y indica que uno de los “golletes” , o sea que uno de los obstáculos importantes son las escuelas de administración y de negocios, “que aún preparan líderes que son evaluados por las métricas convencionales de éxito”, apunta. Para él, es necesario señalar nuevos valores en el liderazgo empresarial, sino “estaremos siempre con un discurso desvinculado de las prácticas”, dice.
 
Las transformaciones propuestas por la economía verde son de múltiplos enfoques. Sin embargo, con la crisis que asuela los mercados y, especialmente, los países europeos, hay quien defienda que ella también es una salida para la crisis existencial del capitalismo. Para Luis Jiménez Herrero, director ejecutivo del Observatorio de Sostenibilidad de España, es necesario establecer un modelo de desarrollo que no ignore que los recursos naturales son finitos y que las exterioridades, como contaminación, deforestación o emisión de gases estufa, no sean tratadas como irrelevantes en la contabilidad empresarial. “El capitalismo ha sufrido varias transformaciones a lo largo de las décadas, ahora está, nuevamente, frente a límites para su actuación”, afirma. Herrero cree que el desarrollo de un modelo económico con una métrica diferente, así como está en el documento del Pnuma sobre economía verde, es un camino para la reinvención del capitalismo en crisis.
 
Una crisis que, segundo Nelton Friederich, director de Medio Ambiente de la Itaipu Binacional, se manifiesta en algunos datos simples, como el hecho de las 270 personas más ricas, en 7 billones de personas, tienen más dinero que la suma de las posesiones de los 2,1 billones de habitantes más pobres. Para él, es necesario desarrollar una economía de menor impacto ambiental y de mayor valor social y, para eso, es necesario formar profesionales que salgan de las universidades imbuidos de esos nuevos valores. ¿“Cuantas son las universidades brasileñas que forman para esa nova economía?”, pregunta. Friederich afirma que es necesario que gobiernos, sociedad y empresas tengan una visión sistémica de los procesos económicos y asuman una responsabilidad compartida en relación a las transformaciones necesarias.
 
De cierta forma, esa es, también, la visión de Ana Leiva, directora de la Fundación Biodiversidad, ligada al Ministerio de Medio Ambiente de España, para quien la integración de los costos del capital natural  a la formación de precios de los productos es una cuestión vital. Ella defiende que se puede contabilizar importantes avances desde la conferencia de cúpula Río 92, que el próximo año completa 20 años y será objeto de una nueva evaluación. Leiva ataca con firmeza dos mitos que estorban los cambios: el primero es que la protección del medio ambiente es una traba para el desarrollo; y el segundo es que solo los países ricos pueden darse al lujo de proteger sus ecosistemas. Para ella no hay esa contraposición y la preservación ambiental, cuando incluida en los procesos económicos, puede representar un nuevo campo de oportunidades para los negocios y para la mejoría del bienestar humano. (Envolverde)
 
Servicio
 
Participaron de la Plenaria de Economía Verde: Una Nueva Economía para el Desarrollo Sostenible: Ana Leiva, directora de la Fundación Biodiversidad; Nelton Friederich, director de Medio Ambiente de Itaipu; Denise Hamu, representante del Pnuma en Brasil; Caio Magri, gerente de Políticas Públicas del Instituto Ethos; Luis Jimenez Herrero, director ejecutivo del Observatorio de Sostenibilidad de España; Jaime Manteca, director internacional de la Fundación Copade; Ricardo Voltolini, publisher de la revista Idea Sostenible; y Maria Luiza Pinto, directora de Desarrollo Sostenible del Banco Santander. El moderador de la plenaria fue Ademar Bueno, coordinador del Laboratorio de Innovación, de Emprendedor y Sostenibilidad de la Fundación Getúlio Vargas.

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